Expectativas Realistas al Usar una Prótesis por Primera Vez

Recibir tu primera prótesis suele venir acompañado de muchas expectativas: caminar con más seguridad, recuperar autonomía, volver al trabajo o retomar actividades que formaban parte de tu vida antes de la amputación.

Pero una de las cosas más importantes que conviene saber desde el principio es que aprender a utilizar una prótesis es un proceso gradual.

La primera prótesis no se coloca y automáticamente pasa a sentirse como una parte natural del cuerpo. Durante las primeras semanas y meses hay aprendizaje, cambios en el muñón, ajustes del encaje, rehabilitación y una adaptación progresiva a nuevas sensaciones.

En Ortopedia Pérez Borges trabajamos para que cada prótesis se adapte a la persona y a sus objetivos reales. Saber qué puedes esperar al principio puede ayudarte a afrontar esta etapa con más tranquilidad y, sobre todo, a detectar cuándo una molestia forma parte del proceso de aprendizaje y cuándo necesita ser revisada.

La entrega de la prótesis es un momento importante, pero no significa que el proceso de adaptación haya terminado.

A partir de ese momento empieza una fase en la que tendrás que aprender, entre otras cosas, a:

  • colocarte y quitarte correctamente la prótesis;
  • reconocer cómo debe sentirse un buen encaje;
  • controlar el equilibrio;
  • caminar y realizar transferencias;
  • interpretar las señales de tu piel;
  • adaptar progresivamente el tiempo de uso;
  • y comunicar al protésico cualquier problema que aparezca.

En las prótesis de miembro inferior, además, la rehabilitación puede incluir entrenamiento específico de marcha, equilibrio, escaleras y diferentes superficies.

Por eso, comparar tu evolución con la de otra persona suele ser poco útil. El nivel de amputación, la condición física, el estado del muñón, la edad, la prótesis utilizada y los objetivos personales hacen que cada proceso sea distinto.

Hombre dando sus primeros pasos con una prótesis de pierna durante una sesión de rehabilitación con barras paralelas.
Los primeros pasos con una prótesis forman parte de un proceso progresivo de aprendizaje, equilibrio y adaptación.

Al comenzar a utilizar una prótesis es habitual descubrir sensaciones completamente nuevas.

Aunque el dispositivo tenga un peso razonable, tu cuerpo todavía no está acostumbrado a moverlo.

Al principio puede existir sensación de peso o fatiga muscular, especialmente después de caminar o permanecer de pie durante un tiempo.

Con el entrenamiento y la adaptación, muchos movimientos se vuelven progresivamente más eficientes.

El encaje es la parte de la prótesis que conecta con el muñón y transmite las fuerzas necesarias para controlar el dispositivo.

Durante los primeros usos tendrás que aprender a reconocer:

  • dónde es normal sentir cierta presión;
  • qué sensación corresponde a un encaje estable;
  • cuándo la prótesis empieza a desplazarse;
  • y qué molestias deben comunicarse al protésico.

Sentir presión no significa necesariamente que exista un problema. Sentir dolor sí merece atención.

Una prótesis correctamente ajustada no debería provocar dolor persistente, heridas o ampollas.

Este es uno de los aspectos que más sorprende a los nuevos usuarios.

Después de la amputación, y especialmente durante los primeros meses, el muñón puede cambiar de volumen y de forma.

Eso significa que una prótesis que inicialmente encaja correctamente puede comenzar a sentirse:

  • más holgada;
  • más apretada;
  • diferente a primera hora y al final del día;
  • o menos estable durante la marcha.

Estos cambios no significan necesariamente que la prótesis esté mal fabricada.

Forman parte del proceso de adaptación y pueden requerir cambios en el sistema de ajuste, los calcetines protésicos, el liner o incluso modificaciones del encaje realizadas por el protésico.

Lo que no debes hacer es intentar modificar por tu cuenta el interior del encaje o alterar componentes estructurales de la prótesis.

Una de las expectativas más útiles que puedes tener es esta:

es bastante probable que tu primera prótesis necesite ajustes.

El protésico puede necesitar modificar pequeñas zonas del encaje, revisar la alineación o comprobar cómo se comporta el dispositivo durante la marcha.

Esas revisiones forman parte del proceso normal.

De hecho, las visitas de seguimiento pueden ser tan importantes como la propia entrega inicial, porque permiten adaptar la prótesis a los cambios del cuerpo y a la experiencia real del usuario.

Profesional ajustando una prótesis transfemoral a una paciente sentada en una clínica ortopédica.
Las revisiones y ajustes de la prótesis forman parte habitual del proceso de adaptación y ayudan a mejorar comodidad, estabilidad y seguridad.

La piel del muñón comienza a soportar nuevas presiones, fricción, calor y humedad.

Por eso conviene revisarla todos los días, especialmente después de utilizar la prótesis.

Presta atención a:

  • zonas de enrojecimiento;
  • rozaduras;
  • ampollas;
  • grietas;
  • puntos dolorosos;
  • inflamación;
  • o cambios en la sensibilidad.

Un ligero enrojecimiento producido por la presión puede desaparecer poco después de retirar la prótesis.

En cambio, una marca que persiste, una ampolla, una herida o un dolor localizado necesitan revisión.

No es buena idea continuar aumentando el tiempo de uso simplemente para “acostumbrar la piel” si existe una lesión.

Una de las ideas que conviene eliminar desde el principio es:

“Me duele, pero será normal hasta que me acostumbre”.

Puede existir cansancio, presión o sensación de esfuerzo durante el aprendizaje, pero el dolor debe comunicarse.

Cuando aparezca, intenta identificar:

  • dónde duele exactamente;
  • en qué momento aparece;
  • si ocurre al caminar, sentarte o permanecer de pie;
  • cuánto tiempo tarda en desaparecer;
  • y si queda alguna marca en la piel.

Cuanta más información puedas dar al protésico, más fácil será encontrar la causa.

En una prótesis de miembro inferior, caminar implica desarrollar nuevas estrategias de equilibrio y movimiento.

El entrenamiento puede trabajar:

  • reparto del peso;
  • equilibrio;
  • longitud de los pasos;
  • giros;
  • levantarse y sentarse;
  • rampas;
  • escaleras;
  • terrenos irregulares;
  • y posteriormente actividades más exigentes.

Al principio es posible que necesites ayudas como barras paralelas, muletas, bastones o supervisión profesional.

Utilizarlas durante una fase de rehabilitación no significa que la prótesis esté funcionando mal. Forman parte del aprendizaje.

Hombre joven practicando un ejercicio con escalón y prótesis transtibial durante una sesión de rehabilitación supervisada.
La adaptación a una prótesis también incluye aprender de forma progresiva movimientos cotidianos como subir un escalón con seguridad.

No existe una fecha válida para todo el mundo.

Algunas personas progresan rápidamente en determinadas tareas y necesitan más tiempo en otras.

El objetivo inicial tampoco debería ser “caminar exactamente como antes”, sino conseguir progresivamente:

  • estabilidad;
  • seguridad;
  • control;
  • autonomía;
  • comodidad;
  • y capacidad para realizar las actividades importantes para ti.

A medida que la técnica mejora, muchos movimientos pueden hacerse más automáticos y requerir menos concentración.

Cuando se entrega una primera prótesis, el tiempo de uso suele introducirse de forma gradual según las indicaciones del equipo de rehabilitación.

La razón es sencilla: tanto la piel como los músculos y el sistema de equilibrio necesitan adaptarse.

No conviene pasar directamente de no utilizar prótesis a llevarla durante todo el día.

El programa concreto depende de cada persona y debe seguir las instrucciones del protésico y del equipo de rehabilitación.

Una buena adaptación protésica incluye mucho más que la marcha.

Dependiendo de tus necesidades, puede ser necesario trabajar:

  • fuerza muscular;
  • movilidad articular;
  • equilibrio;
  • resistencia física;
  • coordinación;
  • actividades de la vida diaria;
  • adaptación del hogar;
  • trabajo;
  • ocio;
  • y posteriormente deporte.

También puede ser importante aprender a cuidar la extremidad sana, que en muchas personas soportará inicialmente una mayor carga.

Especialmente durante las primeras etapas, el cuerpo todavía está cambiando.

Por eso, la primera prótesis o el primer encaje pueden formar parte de una fase de adaptación.

Con el tiempo pueden cambiar:

  • el volumen del muñón;
  • la fuerza;
  • la forma de caminar;
  • el nivel de actividad;
  • las necesidades laborales;
  • o los objetivos personales.

Esto puede justificar nuevos ajustes, cambios de encaje o incluso componentes diferentes.

La prótesis debe evolucionar contigo, no obligarte a adaptarte indefinidamente a una solución que ya no responde a tus necesidades.

Durante la adaptación es fácil fijarse únicamente en objetivos grandes como:

“quiero volver a caminar sin pensar en la prótesis”.

Pero antes de llegar ahí pueden aparecer muchos avances importantes:

  • colocarte la prótesis sin ayuda;
  • permanecer de pie con más confianza;
  • caminar una distancia mayor;
  • subir un escalón;
  • utilizar transporte público;
  • regresar al trabajo;
  • salir a pasear;
  • o volver a realizar una actividad que habías dejado.

Estos progresos permiten ir construyendo autonomía.

Contacta con tu protésico si notas:

  • dolor persistente;
  • ampollas o heridas;
  • enrojecimiento que tarda mucho en desaparecer;
  • sensación de que el muñón se mueve demasiado dentro del encaje;
  • presión intensa en una zona concreta;
  • pérdida de estabilidad;
  • ruidos o movimientos extraños en los componentes;
  • cambios importantes en el volumen del muñón;
  • o una sensación de que la prótesis ya no encaja como antes.

No necesitas esperar a que el problema sea grave.

Muchas molestias pueden solucionarse mejor cuando se revisan pronto.

La fabricación busca conseguir el mejor ajuste posible, pero el muñón y la forma de utilizar la prótesis evolucionan. Los reajustes iniciales son habituales.

No. El dolor persistente necesita valoración.

No existe un calendario universal.

La mejor opción no es necesariamente la más compleja, sino la que se adapta a tus capacidades, necesidades y nivel de actividad.

Las ayudas pueden formar parte normal de una fase de rehabilitación.

Puede ocurrir. Utilizar una prótesis exige aprender nuevos patrones de movimiento y puede suponer inicialmente un esfuerzo mayor. La resistencia suele trabajarse progresivamente durante la rehabilitación.

Puede ocurrir porque el volumen del muñón puede variar. Si el cambio es importante o provoca molestias, consulta con tu protésico.

Normalmente el tiempo de uso se introduce progresivamente siguiendo la pauta del equipo de rehabilitación.

No debe aceptarse el dolor persistente como parte normal de la adaptación. Si aparece, debe revisarse el ajuste.

No existe un número determinado. Durante los primeros meses pueden ser necesarias varias revisiones a medida que cambia el muñón y aumenta tu actividad.

En muchos casos es posible recuperar actividades laborales y deportivas, pero dependerá de tu condición, del nivel de amputación, de la rehabilitación y del tipo de prótesis. Conviene plantear estos objetivos desde el principio para que formen parte del proceso de adaptación.

Usar una prótesis por primera vez implica aprender, probar, ajustar y avanzar progresivamente.

No deberías medir el éxito únicamente por la rapidez con la que caminas o por cuánto tiempo puedes llevar la prótesis. También importan la comodidad, la seguridad, la salud de la piel y la capacidad de recuperar las actividades que son importantes para ti.

Una buena adaptación se construye mediante la colaboración entre el usuario, el protésico y el equipo de rehabilitación.

En Ortopedia Pérez Borges podemos ayudarte a valorar el ajuste de tu prótesis, revisar las molestias que aparezcan y acompañarte durante las distintas etapas de adaptación.

¿Estás empezando a utilizar una prótesis o necesitas revisar cómo se está adaptando a ti? Llámanos al 672 53 79 32, visítanos en Chamartín o déjanos tus datos en nuestro formulario de contacto para que podamos orientarte de forma personalizada.

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